Aconcagua en Quechua se escribe “AKON-KAHUAK” y su significado es “CENTINELA DE PIEDRA”. Este nombre hace referencia a sus pendientes inhumadas donde el hielo y el viento son soberanos y suelen tocarse en los extremos: el principio y el final de un camino, el éxito y el fracaso, la vida y la muerte. En la lengua Aymará se define como Kon y Kawa que significan nevó y monte, respectivamente, siendo el significado de Aconcagua como Monte Nevado.

Akon Kahuak fue un centro ceremonial para los Incas, quienes tuvieron su paso obligatorio por las altas cumbres en busca de protección. Se han hallado pircas muy cerca del campamento Confluencia, donde solían resguardarse y armar sus casas mientras estaban de paso por allí, para luego dirigirse hacia Puente del Inca, pasando por tambillos y ranchillos. Además se encontró una momia de un niño de 7 años de edad, con sus muñequitos, los que significa que los Incas utilizaron el Aconcagua como lugar de ofrendas a sus dioses.

El Aconcagua es una mítica mole que eleva su cima hacia los astros, mientras su sombra se proyecta desde el desierto hasta el océano. El cerro es el escenario de historias muy poco comunes entre montañistas con grandes gestos de coraje y heroísmo. Revela momentos de alegría, de temor, de adrenalina y de enojos ya que es una montaña que saca a relucir la vida del hombre en la que solo hay espacio a la autenticidad del mismo, mostrándose tal cual es.

Según dicen algunos expertos montañeros internacionales, que han escalado en el Himalaya, el Aconcagua implica tanto respeto que casi los siete mil metros del Aconcagua representan psicológica y fisiológicamente varias centenas de metros más. Este fenómeno se debe a razones conocidas y a otras desconocidas aun. En el Himalaya hay vegetación hasta 5.000 metros mientras que en la cordillera de los Andes Centrales solamente se encuentran hasta los 3.500 - 4.000 metros. Para muchos, el Aconcagua es un centinela a conquistar, es el guardián de la montaña, el que permite o no que la gente ingrese a su santuario.

Los primeros intentos para llegar a la cima del Aconcagua se le atribuye al alemán Paul Güssfeldt, el cual fue el descubridor de la montaña, que traza por primera vez el camino hasta los 6.560 metros de altura y debe retirarse en medio de un huracán. Catorce años más tarde el inglés Edward Fitz Gerald lidera un equipo continental europeo de nueve hombres, con el suizo Matthias Zurbriggen como jefe de guías. Lograron hacer cumbre el 14 de enero de 1897.